La ciudad de las mujeres

Año: 
1980
Film: 
Color
Duración: 
145 min
Producción: 
Opera Film Produzione (Roma), Gaumont (Paris)
Distribuidora: 
Gaumont - Italia
Censorship visa (viewed): 
74981
27/03/1980

Un tren atraviesa el campo. En un compartimento está durmiendo Snàporaz, un galán de cincuenta años. Aparece una desconocida muy atractiva y el hombre la sigue. En el servicio los dos empiezan a filtrear, luego la mujer se baja de improviso del tren en un paisaje misterioso. Y detrás de ella, baja Snàporaz. En el Grand Hotel Miramare se está celebrando un congreso internacional de feministas. Mientras sigue buscando a la misteriosa pasajera, a Snàporaz lo confunden con un periodista y lo agreden. Socorrido por una soubrette en patines, durante la huida se resbala por las escaleras y va a parar a la bodega donde encuentra a una sargentona que lo acompaña en moto hacia la estación. Nada más llegar al campo, la virago intenta violarlo. Y Snàporaz huye una vez más y es perseguido por mujeres embravecidas. Se refugia en el castillo del dottor Katzone, un antiguo compañero de la escuela que está festejando su carrera de libertino. Aquí encuentra a su mujer que está borracha y lo llena de insultos y a la soubrette que lo había salvado. Después de recordar algunas etapas de su educación sentimental, lo capturan las feministas. Su globo aerostático con forma de mujer lo desinflan con metrallazos. Mientras está precipitando, Snàporaz se despierta en el tren, sentado enfrente de su mujer, poco antes que el vagón entre en una larga galería.

Crew

Dirección: Federico Fellini
Argumento: Federico Fellini, Bernardino Zapponi
Guión: Federico Fellini, Bernardino Zapponi
Colaboración en el guión: Brunello Rondi
Director de fotografía: Giuseppe Rotunno (Technovision - Colore)
Operador de cámara: Gianni Fiore
Música: Luis Bacalov
Director musical: Gianfranco Plenizio
Canciones: "Una donna senza uomo è" (parole e musica di Mary Francolao), "Donna addio" (versi di Antonio Amurri)
Ballet: Mirella Agujaro
Consultor de coreografía: Leonetta Bentivoglio
Idea de escenografía: Federico Fellini
Escenografía: Dante Ferretti
Asistente de diseñador de producción: Claude Chevant
Diseñador del foro: Giorgio Giovannini
Asistente de director artístico: Nazzareno Piana
Decoración del escenario: Bruno Cesari, Carlo Gervasi
Artista escénico: Italo Tomassi
Esculturas: Giovanni Chianese
Pinturas y frescos: Rinaldo Geleng, Giuliano Geleng
Vestuario: Gabriella Pescucci, Piattelli (per Mastroianni)
Asistente de diseñador de vestuario: Maurizio Millenotti, Marcella De Marchis
Ayudante de dirección: Maurizio Mein
Asistente de dirección: Giovanni Bentivoglio, Anonio Amurri
Ayudante de dirección: Jean Louis Godfroy (2a unità)
Efectos especiales: Adriano Pischiutta
Sonido: Tommaso Quattrini, Pierre Paul Marie Lorrain
Maquillaje: Rino Carboni
Montaje: Ruggero Mastroianni
Ayudante montaje: Bruno Sarandrea, Roberto Puglisi
Ayudante montaje: Adriana Olasio
Productor ejecutivo: Franco Rossellini
Organización general: Lamberto Pippia
Director de producción: Francesco Orefici, Philippe Lorain Bernard (2a unità)

Cast

Marcello Mastroianni : Snàporaz
Anna Prucnal : la moglie di Snàporaz
Bernice Stegers : la signora del treno
Ettore Manni : dott. Sante Kartzone
Iole Silvani : la motociclista contadina grassa
Donatella Damiani : Donatella la soubrettina
Fiammetta Baralla : "Ollio"
Helen G. Calzarelli
Catherine Carrel
Marcello Di Falco : omosessuale alla festa Kartzone
Silvana Fusacchia
Gabriella Giogelli : la pescivendola
Dominique Labourier
Stephane Emilfork
Sylvie Mayer
Meerberger Nahyr
Sibilla Sedat
Katren Gebelein
Alessandra Panelli : massaia con bimbo in braccio
Nadia Vasil
Loredana Solfizi
Fiorella Molinari
Rosaria Tafuri : Sara la seconda soubrettina
Sylvie Wacrenier
Carla Terlizzi : una femminista
Jill Lucas : una delle due gemelle
Viviane Lucas : una delle due gemelle
Mara Ciukleva : la vecchia signora di ottantacinque anni
Mimmo Poli : partecipa alla festa di Kartzone
Nello Pazzafini : compare nella scena finale dello stadio
Armando Paracino : uno dei tre vecchi maghi nella sequenza dei ricordi
Umberto Zuanelli : uno dei tre vecchi maghi nella sequenza dei ricordi
Pietro Fumagalli : uno dei tre vecchi maghi nella sequenza dei ricordi

Awards

1980
Nastro d’argento al mejor director (Federico Fellini), mejor fotografía (Giuseppe Rotunno), mejor vestuario (Gabriella Pescucci)

Peculiarites

Fellini: «Siempre me han atraído los sueños, pero de todas las películas solo La ciudad de las mujeres es casi totalmente un sueño. En esta película cada cosa tiene un significado escondido, tal y como en un sueño, salvo al comienzo y al final, cuando Snaporaz está despierto en el coche cama. Es el desenlace angustioso del sueño de Guido en Ocho y medio.»
Charlotte Chandler, Io, Federico Fellini, Mondadori, Milano, 1995, p. 226

Reviews

Tullio Kezich
Con más congoja que diversión, Fellini retoma los senderos de Amarcord en una progresiva pérdida de las ilusiones sobre el papel del hombre en el mundo contemporáneo. Esta película tiene la limitación declarada de mantenerse en el área autobiográfica, aunque caprichosamente dilatada, sin arrojar su fuerza regresiva hacia ese descubrimeinto de los "grandes sueños" de la humanidad primitiva teorizados por Jung.
Il nuovissimo Millefilm. Cinque anni al cinema 1977-1982, Il Formichiere, Milano, 1983
Giorgio Carbone
Llegado al umbral de la tercera edad [...] Fellini, como director, ha entrado (por suerte suya y nuestra) en aquella espléndida madurez en que un monstruo sagrado consigue ahondar en sus tesoros de maestría solo por el placer de hacerlo. Detrás de la fiesta de imágenes y de colores, está el placer de hacer una película, que desde las primeras escenas, se convierte en la tuya, como espectador. Algo que desde hace rato no tenías la oportunidad de experimentar. Y entonces ¿qué te importa si Fellini, conceptualmente, no ha descubierto nada nuevo? Te dejas llevar por la cabalgata de invenciones y en cada secuencia, en cada enfoque consigues asombrarte una vez más (como un chico que acaba de descubrir el cine). Si en La ciudad de las mujeres palpita el suspense por la historia o por los ingredientes (no te importa nada qué harán, al final, Snàporaz o Katzone, sabes perfectamente que a un cierto punto aparecerán Rímini y las extras pechugonas), está el suspense de las imágenes, de las invenciones escénicas (te das cuenta perfectamente de que Fellini está por inventar algo pero nunca sabes cómo y en qué punto va a llegar esa invención).
"La Notte", Milano, 29 marzo 1980
Gian Luigi Rondi
Un cuento que Fellini se ha divertido a contarle (al espectador) repasando de manera intencional todas las fases de su cine. A veces dejando lugar, una vez más, a los recuerdos como en Ocho y medio y en Amarcord; otras veces analizando el presente, como en La dolce vita y en Ensayo de orquesta, alternando la pesadilla con el sueño, la visión con la broma y la anécdota, multiplicando y variando los idiomas y las técnicas, descubriendo y leyendo otra vez lo imaginado y lo real con un estro y una fertilidad de invenciones que, a menudo, te encandilan.
"Il Tempo", Roma, 29 marzo 1980
Angelo Solmi
Una obra [...] suelta pero, a su manera, coherente. Unida por el extraordinario catálogo de imágenes imprevistas y estimulantes, La ciudad de las mujeres es la plícula más fantasiosa y desenfrenada de Fellini, lo que no significa que sea la mejor. Algunas partes se repiten. De manera dilatada y refinada, se repiten algunos temas recurrentes del director (Rímini, el Luna Park), por lo cual no podemos decir que la originalidad de ciertas invenciones consigue esconder siempre alguna salida de tono y de gusto también. Sin embargo, es una obra que difícilmente nos puede aburrir, con la condición [...] de no exigir una interpretación inútilmente detallista, sino abandonándonos al puro placer de las imágenes.
"Oggi", 18 aprile 1980
Domenico Meccoli
«¿Pero qué diablos de película es esta?», se pregunta a un cierto punto de la historia Snàporaz-Fellini. Contestamos que, a pesar de algún exceso de goloso figurativismo, La ciudad de las mujeres es una gran película donde, más allá de la metáfora, cruel hacia la mujer y el hombre, encontramos algunos componentes del mejor Fellini. Es decir, la inspiración mitológica de La dolce vita, la embriaguez mágica de Giulietta de los espíritus, la nostalgia de Amarcord, la ambigüedad fabulística de Ocho y medio, de la que se puede considerar una continuación.
"Epoca", 5 aprile 1980