Ocho y medio

Año: 
1963
Film: 
Blanco y negro
Duración: 
114 min
Producción: 
Cineriz (Roma) e Francinex (Paris)
Distribuidora: 
Francinex (Paris)
Censorship visa (viewed): 
39461
06/02/1963

Guido Anselmi es un famoso director que quiere descansar en un famoso balneario. Realidad e imaginación se mezclan en su mente y el lugar que debería ayudarlo a descansar y relajarse se llena de los personajes que forman parte de su vida. La llegada de su amante Carla, luego de Luisa, su mujer, y de la actriz Claudia, mítico símbolo de los sentimientos más puros, las entrevistas con el productor, los técnicos, los clientes habituales del balneario, verdaderos o irreales que parezcan, aumentan la confusión de Guido y le hacen venir a flote los recuerdos más lejanos de su vida; el asilo, sus padres que encontrará muertos desde hace tiempo en un cementerio. Guido está en crisis. A lo mejor deberá renunciar a la película que está realizando. Cuando ya había abandonado de manera definitiva la idea de su nueva película, en el plató vuelven a aparecer los personajes de su vida. Guido está en medio de ellos e imparte órdenes con un megáfono; todos obedecen de manera armónica y se dan la mano. Forman una cadena que desfila llena de alegría sobre las notas de una marcha de gladiadores.

Crew

Dirección: Federico Fellini
Argumento: Federico Fellini, Ennio Flaiano (ideato da Federico Fellini)
Guión: Federico Fellini, Tullio Pinelli, Ennio Flaiano, Brunello Rondi
Director de fotografía: Gianni Di Venanzo
Operador de cámara: Pasquale De Santis
Música: Nino Rota
Escenografía: Piero Gherardi
Vestuario: Piero Gherardi
Asistente de diseñador de producción: Luciano Riccieri, Vito Anzalone, Orietta Nasalli Rocca
Montaje: Leo Catozzo
Ayudante de dirección: Guidarino Guidi, Giulio Paradisi, Francesco Aluigi
Colaboración artística: Brunello Rondi
Maquillaje: Otello Fava
Peinados: Renata Magnanti
Foto fija: Tazio Secchiaroli
Supervisor guionista: Mirella Comacchio
Productor: Federico Fellini, Angelo Rizzoli
Director de producción: Nello Meniconi
Organización general: Clemente Fracassi, Sandy von Norman
Asistente del director de producción: Mario Basili
Secretaria de producción: Albino Morandin

Cast

Marcello Mastroianni : Guido Ansemi
Anouk Aimée : Luisa la moglie di Guido
Sandra Milo : Carla
Claudia Cardinale : Claudia
Rossella Falk : Rossella
Barbara Steele : Gloria
Guido Alberti : Pace il produttore
Madeleine Lebeau : l'attrice francese
Jean Rougeul : l'intellettuale
Caterina Boratto : la signora delle terme
Annibale Ninchi : il padre di Guido
Giuditta Rissone : la madre di Guido
Edra Gale : la Saraghina
Mario Conocchia : direttore di produzione
Cesare Miceli Picardi : ispettore di produzione
Tito Masini : il cardinale
Mario Pisu : Mezzabotta
Jacqueline Bonbon : Yvonne la soubrette
Jan Dallas : Maurice il telepata
Georgia Simmons : la nonna di Guido
Edy Vessel : Edy indossatrice
Annie Gorassini : l'amica di Pace
Rossella Como : amica di Luisa
Gilda Dahlberg : la moglie del giornalista americano
Olimpia Cavalli : Olimpia
Hazel Rogers : la negretta
Bruno Agostini : segretario di produzione
Elisabetta Catalano : sorella di Luisa
Sebastiano De Leandro : un prete
Frazie Rippy : il segretario laico del cardinale
Roberta Valli : bambina
Eva Gioia : la ragazza dell'ispettore di produzione
Dina De Santis : la ragazza dell'ispettore di produzione
Roby Nicolosi : un medico delle terme
Polidor : un clown

Awards

1963
Oscar a la mejor película en lengua extranjera, mejor vestuario en blanco y negro (Piero Gherardi)
1963
Nastro d'argento al mejor director (Federico Fellini), mejor producción (Angelo Rizzoli), mejor actriz de reparto (Sandra Milo), mejor guión original (Federico Fellini y Ennio Flaiano), mejor guión (Federico Fellini, Ennio Flaiano, Tullio Pinelli y Brunello Rondi), mejor fotografía en blanco y negro (Gianni Di Venanzo), mejor música (Nino Rota)
1963
Gran premio en el Festival de Moscú
1963
Nominación Oscar al mejor director (Federico Fellini), mejor guión original (Federico Fellini, Ennio Flaiano, Tullio Pinelli y Brunello Rondi)
1964
Premio Bodil (Copenague) a la mejor película europea
1964
Nomination Direcors Guild of America (Los Angeles) por los extraordinarios resultados obtenidos por Federico Fellini en la dirección cinematográfica

Peculiarites

Fellini: «Pero, de perfil, a Marcello se le veía la papada. Por eso le dije que se pusiera una tirita toda de costado; se portó tan bien que logró actuar en una escena bastante larga que se filmaba de cerca. Es la escena del cementerio cuando está con su padre. [...] Los encargados del maquillaje tuvieron que preparar unas bolsitas llenas de arena para que los párpados salieran arrugados, le hice perder diez kilos, se hizo mechas blancas en el pelo. Sin contar todas las escenas de perfil que rodó con esa tirita. Y él no decía nada. Luego, las manos. Mandé que se realizaran unos capuchoncitos para alargar los dedos, él aceptó que se los prepararan. Pero después de un par de escenas que salieron bien, en otra en que tenía que mover los dedos, los capuchoncitos se dispararon com si fueran lápices.»
Rita Cirio, Il mestiere di regista, Garzanti, Milano, 1994, p. 36

Reviews

Luigi Bini
Ocho y medio ratifica totalmente, si era necesario, la magnitud de Federico Fellini en cuanto mago de la imagen cinematográfica. El espectador se queda asombrado ante la inagotable y torrencial cascada de imágenes en la que se convierte la película en cada momento. Gracias al toque de magia del director. No hay ningún sentimiento, realidad, persona, palabra que él no sepa convertir en imagen. Un poder magnífico y totalmente soberano, que da la impresión de crear imágenes con la más desenfrenada y espontánea naturalidad. Y, por tanto, con fresca sinceridad.
"Letture", a. XVIII, n. 4, Aprile 1963
Alberto Moravia
El personaje de Fellini es un erotómano, un sádico, un masoquista, un mitómano, un miedoso de la vida, un nostálgico del seno materno, un bufón, un mistificador y un engatusador. En algún aspecto se parece a Leopold Bloom, el héroe de Ulysses de Joyce, que Fellini demuestra, en más de una ocasión, de haber leído. La película es introvertida. Básicamente, es un monólogo interior en que se alternan destellos de realidad. Fellini nos presenta la neurosis de la impotencia con una precisión clínica impresionante. A veces, quizás, involuntaria. [...] Los sueños de Fellini siempre nos sorprenden y, en sentido figurativo, son originales. Pero en los recuerdos se rebela un sentimiento más delicado y más profundo. Por esto, los dos episodios de su infancia en la rústica casa romañola y de su juventud con su primera cita con la mujer en la playa de Rímini, son los más bellos y son dos de los episodios más hermosos de toda la obra de Fellini.
"L'Espresso", 17 febbraio 1963
Giovanni Grazzini
La parábola pronunciada por Fellini puede dejarnos incluso impasibles, si la aislamos de su contexto [...] Pero lo extraordinario de esta película reside justamente en la "bella confusión" [...] entre error y verdad, realidad y sueño, valores estilísticos y valores humanos, en la total adaptación del lenguaje cinematográfico de Fellini a las imaginaciones desligadas de Guido. Distinguir entre el director de la realidad y el de la ficción es imposible. Así los defectos de Fellini coinciden con las sombras espirituales de Guido. La ósmosis entre arte y vida es sorprendente. Seguro que estamos ante un experimento irrepetible.
"Corriere della Sera", 16 febbraio 1963
Alberto Arbasino
Esta película es una fase avanzada en la historia de la forma novelesca. Ya La dolce vita, con su estructura en bloques, indicaba un camino significativo tanto en el cine como en la literatura. Ocho y medio, en cambio, no solo supera ampliamente casi todo el cine que se realiza normalmente, sino que aparece en nuestra narrativa en el momento más delicado de fricción entre convención y vanguardia y que le puede dar un buen espaldarazo hacia el experimentalismo. Es decir, hacia el futuro, por lo que se refiere, entre otras cosas, a los problemas del ser, del escribir, de la relación con la realidad.
"Il Giorno", 6 marzo 1963
Fernaldo Di Giammatteo
Ocho y medio es una película sorprendente. Empeñado en colgar su psicología en la pantalla, como si fuera un trofeo, Fellini ha dado un salto peligroso y espectacular. Ha tenido que inventarse un idioma nuevo, suave y elástico, que no repitiera las convenciones del relato tradicional. Y lo ha conseguido. Su experimento es una de las cosas más estimulantes que, desde este punto de vista, ha hecho el cine italiano. A pesar de la fecundidad de tentativas y de invenciones. Obligado a seguir únicamente el ritmo de sus fantasías, ha sabido eliminar los límites entre la realidad y el sueño para sumergirse en una nueva dimensión temporal que no tiene ninguna relación con la vida y que, al mismo tiempo, no cae nunca en deformaciones surrealistas o expresionistas.
"Bianco e nero", a. XXIV, n. 4, aprile 1963