Roma

Año: 
1972
Film: 
Color
Duración: 
119 min
Producción: 
Ultra Film (Roma), Les Productions Artistes Associeés (Paris)
Distribuidora: 
Italnoleggio
Censorship visa (viewed): 
59913
08/03/1972

Estamos a comienzos de los años treinta. Un chico, huésped en un colegio de religiosos, se imagina la Roma descrita por sus profesores y por la retórica del régimen fascista. En 1939, con veinte años, parte hacia la capital y descubre su verdadero rostro. Los pequeños personajes de una pensión popular, las tabernas al aire libre, los niños por las calles. Luego se pasa a 1972, al tráfico de las calles, con Fellini que rueda una película en una ciudad atiborrada de turistas, entre los jóvenes que le reprochan su falta de interés por la política. Vuelve a la memoria la imagen de un pequeño teatro de espectáculos de variedades de pueblo, con el público que grita y huye tras una alarma aérea. Luego la escena se desplaza a la galería para la construcción del metro, cuando un hallazgo de restos arqueológicos interrumpe las obras. Los hippies de la Plaza de España y la fauna variopinta de los que iban allí, el recuerdo lejano de los burdeles de los años cuarenta. Hay también un desfile de modelos religioso, la "Fiesta de Noantri” en Trastevere, la confusión general, con la policía que aporrea y los motoristas entre los fragores de la noche.

Crew

Dirección: Federico Fellini
Argumento: Federico Fellini, Bernardino Zapponi
Guión: Federico Fellini, Bernardino Zapponi
Director de fotografía: Giuseppe Maccari (Technicolor)
Operador adjunto: Pietro Servo
Asistente de cámara: Roberto Aristarco, Michele Picciaredda
Música: Nino Rota
Director musical: Carlo Savina
Idea de escenografía: Federico Fellini
Escenografía: Danilo Donati
Vestuario: Danilo Donati
Asistente de diseñador de producción: Giorgio Giovannini, Ferdinando Giovannoni
Decoración del escenario: Andrea Fantacci
Asistente de diseñador de vestuario: Romano Massara, Rita Giacchero
Montaje: Ruggero Mastroianni
Ayudante montaje: Adriana Olasio, Leda Bellini
Ayudante de dirección: Maurizio Mein
Asistente de dirección: Paolo Pietrangeli, Tonino Antonucci
Efectos especiales: Adriano Pischiutta
Maquillaje: Rino Carboni
Peinados: Amalia Paoletti
Supervisor guionista: Norma Giacchero
Mezclador de sonido: Renato Caduer
Coreografía: Gino Landi
Frescos y retratos: Rinaldo Geleng, Antonello Geleng, Giuliano Geleng
Organización general: Danilo Marciani
Director de producción: Lamberto Pippia
Asistente del director de producción: Alessandro Gori, Fernando Rossi, Alessandro Sarti

Cast

Marcello Mastroianni : intervistato
Anna Magnani : intervistato
Gore Vidal : intervistato
John Francis Lane : intervistato
Alberto Sordi : intervistato
Peter Gonzales : Fellini a diciott'anni
Fiona Florence : Dolores giovane prostituta
Marne Maitland : guida alla catacombe
Britta Barnes
Pia De Doses : la principessa
Renato Giovannoli
Elisa Mainardi
Paule Riut
Paola Natale
Marcelle Ginette Bron
Mario Del Vago
Alfredo Adami
Stefano Mayore
Gudrun Mardou Khiess
Giovanni Serboli
Angela De Leo
Libero Frissi
Dante Cleri : un padre di famiglia
Mimmo Poli : un avventore
Galliano Sbarra : presentatore avanspettacolo
Alvaro Vitali : si esibisce al teatro Jovinelli
Norma Giacchero : intervistatrice di Mastroianni
Federico Fellini : se stesso

Awards

1972
Festival de Cannes: Gran Premio de la técnica a la película
1973
Premio de la crítica SFCC (Le Syndicat Français de la Critique de Cinéma) a la mejor película en lengua extranjera
1973
Nomination BAFTA (British Academy of Film and Television Arts Awards) al mejor guión (Danilo Donati)

Peculiarites

«Pero algo misterioso, una inconsciente e invencible sugestión, pareció neutralizar todo ese aparato de irreverente espectacularidad. La compañía, una compañía romana de cine, es decir, la mezcla más inatacable de altanería pretoriana y escepticismo soñoliento, que no se altera por su orgánica contrariedad ni siquiera frente a milagros y catástrofes, en el momento de la aparición del papa (concebida como una especie de epifanía inmaculada, cándida, fulgurante, enmarcada en un gran encaje de oro brillante y contra una rueda resplandeciente que, detrás de su figura emanaba reflejos de luz muy intensa y radiante), se hizo cada vez más silenciosa. Solo voces entrecortadas, palabras susurradas, cuchicheos. [...] La figura del papa, tan hierática e inalcanzable, tan suntuosamente y deshumanamente regal, actuaba con la fuerza oculta del arquetipo, imponiéndonos también en el artificio una especie de sumisión hipnótica, maravillada. La sugestión, en pocas palabras, era más fuerte que la conciencia de que habíamos sido nosotros mismos quienes la habíamos creado, transmitido, suscitado.»
Federico Fellini, Un regista a Cinecittà, Mondadori, Milano, 1988, pp.100-105
«En pocas palabras, la impresión que tenemos de esta ciudad es una sola: la ignorancia. En Roma vive un ignorante que no quiere que lo molesten y que es el producto más exacto de la Iglesia. Un ignorante que quiere mucho a las familias. Este tipo de hombre está tan metido en su posición seglar que cree que se debe y se puede vivir solo de esta manera. Un crío grotesco que tiene la satisfacción de ser castigado continuamente por el papa. [...] la mirada fija, soñoliente, renunciataria, oponente, no es curioso o no cree que la curiosidad sirva para algo. Puede ser que esta sea la mirada de la extrema decrepitud, de quien ha digerido de todo y ha sido, a su vez digerido, se ha convertido en excremento, agotamiento total de todas las experiencias y regreso a la tierra, abono. Esta atmósfera peculiar nace del hecho de que el papá romano y la mamá romana siempre tienen algo criador, huelen a pis, a tus pis de cuando eras pequeño. En realidad, el romano no felicita de manera remilgada a un niño: "Mira qué cara bonita, parece un culo", dice.»
Federico Fellini, Fare un film, Einaudi, Torino, 1980, p. 146

Reviews

Sergio Frosali
Frente a esta película magmática, enseguida tenemos que saber que no hay que buscar solo Roma, sino, tal vez, sobre todo a Fellini: el Fellini de hoy [...] Aquí las musas de Fellini son la memoria (la revocación de Roma durante la guerra) y la deformación fantástica (el gran atasco de la entrada a Roma como la anticámara del infierno o, tal vez, incluso como su círculo infernal más pérfido). En estos episodios [...] Fellini muestra la magnitud de su inmenso talento, es decir, su fuerza para evocar y representar, forzando y modificando. Aquí la realidad de Fellini [...] toma el lugar de la realidad, se convierte en realidad [...] Cuanto más se nota el esfuerzo del director por coordinar, dicho esfuerzo parece más artificioso e inconstante. Mejor, entonces, seguir la película, independientemente de la fatiga unitaria de Fellini. Como una serie de cuadros individuales, dejando al espectador la tarea de sentirlos unificados en un discurso subterráneo, continuado y coherente. Si adoptamos este enfoque, la película sale airosa, no pierde nada. Hay que dejar que la película se desparrame en tantos riachuelos y, luego, percibir la tensión unitaria de este desorden.
"La Nazione", 17 marzo 1972
Gian Luigi Rondi
Secuencias como la del autopista, de los prostíbulos, del desfile religioso son cine al estado puro, incontenible, ejemplar. Ese estilo que mezcla la crónica falsa con los recuerdos inventados alcanza, en diferentes ocasiones, la poesía. En otras, se impone una furia barroca que se combina, maliciosamente, con el gusto de lo cursi, de lo deformado, de lo horrible. Aunque en algunas partes podría apuntar a equilibrios más sosegados, siempre logra alcanzar los resultados esperados. En una representación espectacular que alterna las pesadillas de Bosch con los horrores negros de Goyas y los rasguños cortantes de Grosz.
"Il Tempo", 19 marzo 1972
Tullio Kezich
La infancia romañola, la llega del joven de provincias a la estación Termini, la pensión, las comilonas en las tabernas, el espectáculo de variedades, los prostíbulos son páginas de un virtuosismo estilístico e impetuoso que recuerda a Carlo Emilio Gadda. Pero en la vertiente moderna, Roma reserva grandes emociones como la secuencia horrorosa de la circunvalación y el final con los motoristas que van a tope entre las ruinas y los antiguos palacios. Tiene algunos defectos: la casualidad de su estructura, la fragilidad de sus conexiones, algún episodio más desenfocado y caricaturesco (el desfile religioso). Pero es otro fruto apasionante de la tenacidad de uno de los mayores maestros de hoy.
" Il mille film. Dieci anni al cinema 1967-1977", volume secondo, Il Formichiere, Milano, 1977
Giovanni Grazzini
Para nosotros, Roma no es una película grandiosa, de la altura, por ejemplo, de La dolce vita y de Ocho y medio. Pero entre todos los retratos de esa fuente perenne de memorias y fantasía que nos ha dado hasta ahora el cine, es uno de los más diligentes, incluso más divertidos. Sin duda, en el que la personalidad del autor, para bien o para mal, se expresa con mayor prepotencia y refleja la fertilidad de un talento que sigue buscándose. La Roma de Roma no es aquella de los libros de historia, de los folletos turísticos o, peor, de los romanistas. Incluso nada que ver con la Roma descarnada de Pasolini o la turbia de Moravia. Es la Roma de un artista que, a pesar de su carrera, ha permanecido el Moraldo de Los Inútiles y que ahora intenta, a través de ríos de palabras con sus amigos en los bares, evocando fantasmas particulares y cediendo a todos los chantajes de su memoria, establecer las letras de una de las matrices más enigmáticas de la historia. Aun sabiendo que es indefinible y misteriosa.
"Gli anni settanta in cento film", Laterza, Roma-Bari, 1976